septiembre 15, 2010

La semilla del vampiro | Cap. 3


CAPÍTULO TRES

¿DESAPARECIDO?

Unos minutos después, entró Gabriel en la habitación acompañado de otra amiga. La chica llevaba unos jeans ajustados, una blusa negra y una hermosa cabellera negra y larga hasta casi la mitad de la espalda.
     Gabriel encontró a Paola ayudando a su mamá a limpiar el piso lleno de trozos de porcelana. La mamá de Gabriel siempre se encontraba entusiasmada con la idea de que su hijo se hiciera novio de Paola. Por extraño que parezca, los padres siempre tienen la sensación de saberlo todo, incluso saber quién o quiénes son suficientemente buenos para sus hijos.
     En cierta forma eso molestaba a Gabriel, mientras Paola se sonrojaba al recordarlo.
     La mamá de Gabriel se disculpó con Paola y la instó a acompañar a su hijo a subir: «Yo me encargaré de todo», dijo, ofreciendo su mejor sonrisa.
     Cuando subían las escaleras, Paola sonreía de buena gana y le dijo a Gabriel que su mamá le parecía una mujer muy adorable.
     Gabriel entró con Paola en la habitación. Rafael se levantó de un salto de la silla del computador.
     —Hola a todos —saludó Paola.
     —Bueno —soltó sin preámbulos Gabriel—. ¿Quién será el primero en hablar?
     —Yo lo haré —se anticipó Alejandro—. Yo les contaré lo que pasó.
     —Vamos, empieza ahora y déjate de rodeos —dijo Bianca obstinada.
     —Ocurrió hace una hora cuando fui por Rafael. En la calle, cerca de su edificio, me pareció haber visto caminando a Carlos. Le llamé varias veces por su nombre, pero fue en vano… nunca volteó ni me saludó. Iba como absorbido por algo, cavilaba sobre quién-sabe-qué-cosa. Lo cierto es que en ese instante Rafael salió. Tuve que volver la vista para saludarlo, pero cuando quise saber dónde estaba Carlos, no lo encontré. Lo buscamos con la vista hacia ambos lados de la calle y nada. Resolvimos caminar en dirección a la avenida principal, pero lo curioso empieza allí, justamente cuando doblamos en la esquina de la calle vimos a una persona a lo lejos conversando con Carlos. Estos se encontraban, repito, muy lejos, y no podíamos saber lo que hablaban.
     —Esta es la parte de la historia que no van a creer… —interrumpió Rafael—. Sé que es difícil de explicar y mucho menos de creer, pero solamente se los diré una vez.
     Todos los ojos se enfocaron en Rafael.
     —La persona, desconozco su identidad, desapareció frente a nosotros como si fuera un fantasma. Mejor dicho, ambos desaparecieron.
     Todos se miraron perplejos, incrédulos, escépticos, pero indudablemente anonadados. Aquello no podía ser cierto: dos personas que desaparecen como fantasmas en plena calle. Obviamente nada creíble.
     —No puedo creerlo —dijo Paola.
     —Se los dije —señaló Alejandro—, pero sinceramente lo vimos con nuestros propios ojos.
     —Esta tarde Carlos y yo discutimos —dijo Gabriel, rellenándose sobre el asiento—. Quizá fue una ilusión lo que vieron. Puede que haya sido producto del cansancio. Eso suele ocurrir.
     —¿Desde cuándo le buscas soluciones científicas a las cosas? —preguntó Rafael.
     —No es eso, solamente que…
     —Solamente nada… vimos lo que vimos y punto.
     —Bueno, cálmense todos —dijo Paola—. ¿De qué vale pelearnos? Creo que lo más correcto es pensar qué podemos hacer. Al final, estamos hablando de Carlos, no de Houdini.
     —Creo que llamar a la casa de Carlos y preguntar por él sea lo más conveniente por ahora —sugirió Bianca.
     —Excelente idea —dijeron al unísono Alejandro y Rafael. Los demás se miraron y sin decir nada, Gabriel tomó el teléfono y marcó el número.
—Si… —voces del otro lado del auricular—… buenas noches. ¿Se encuentra Carlos? —una breve pausa—. Sí… entiendo. ¿Entonces no saben dónde puede estar metido? —Gabriel miró a sus demás amigos inquietamente mientras su interlocutor le hablaba al teléfono—. Bueno si tenemos alguna noticia se la haremos llegar. Gracias por todo. Adiós.
     Gabriel pulsó el botón para finalizar la conversación. Miró a todos desconcertadamente.
     —En su casa no saben nada. Todos están preocupados.

Bianca se acercó a las ventanillas del aire acondicionado, sentía mucho calor.
     —Esto es asombroso —empezó Paola después de unos minutos—. ¿Creen que debemos salir a buscarlo?
     —Puede estar en cualquier parte—respondió Alejandro—. Maracaibo es una ciudad relativamente grande, no es cualquier pueblo, aunque a veces lo parezca. De cualquier forma, es como buscar una aguja en un pajar.
     —Aunque la propuesta de Paola es difícil —dijo Bianca— no es mala después de todo. Piensen: Carlos iba a pie, caminando cuando lo vieron, ¿cierto? Lo que quiere decir que Carlos no debe estar muy lejos, si aún sigue deambulando por las calles. ¿Dónde fue la última vez que lo vieron?
     —Lo vimos cerca de la avenida ocho —respondió Alejandro; y luego añadió—: Por donde vive Rafael.
     —Eso es algo. Por lo menos ya sabemos por donde comenzar a buscar —Bianca se paseaba de un lado a otro, como una detective tratando de hilvanar las pistas de un asesino en serie. —Además, Gabriel, tú fuiste su amigo de infancia, debes conocer todos los sitios acostumbrados. Puede estar en cualquier callejón, acompañado de los skaters o alguna chica con la…
     —Un momento —dijo Gabriel. Se incorporó de la silla y encendió un cigarrillo—. Alejandro vio a Carlos por la avenida 8. Sólo una cuadra de la avenida Bella Vista.
     Gabriel esperaba la respuesta en los rostros de sus amigos, pero ninguno dijo nada, todos se miraban desconcertados.
     —¡El Paramount!
     —A qué te refieres con “El Paramount” —dijo Alejandro—. ¿Paramount? Me suena…
     Hubo un silencio.
     Gabriel lo miró.
     —¡Claro! ¡El edificio Paramount! Ahora lo recuerdo —dijo entusiasmado Alejandro—. Pero Carlos caminaba en dirección opuesta.
    —Pero tú me habías dicho, Gabriel —lo atajó Paola—, que Carlos se había peleado contigo porque él no deseaba saber nada de edificios embrujados, fantasmas, ni nada por el estilo. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué ese cambio tan repentino?
     —Quizá no fue solo —apuntó Rafael—. Quizá esa persona que vimos con Carlos fue quien lo acompañó, ¿no creen?
     —Creo que mejor nos vamos allá —concluyó Gabriel.

5 escritos rotos:

paulav dijo...

a mi me encantó la película, es cierto que quizas fuera porque iba con la idea de que me iba a gustar y que además trata sobre temas que me parecen geniales!
no se decirte si el comienzo es aburrido porque me perdí unos 10 minutos de peli asi que en cuanto llegué estuve todo lo atenta que podía para enterarme :)
prueba a verla entera si no tienes nada que hacer algún día porque es muy entretenida y el final no está nada mal!

Nieves dijo...

Bueno, me acabo de leer los tres caítulos del tirón. Menuda íntriga. Que bien lo haces. Estoy ansiosa por los siguientes. Besos.

Marlene dijo...

Me esta gustando :)
Un abrazo
Mar

Almenara dijo...

La intriga.. cada vez me engacho más, esperando el 4to..

Ignacia dijo...

Nos limitamos para obtener algo de "orden" para no ser distintos.
Los seres humanos nos intimidamos cuando notamos nuestras diferencias, cuando estamos en minoría.
Lo que muchos no saben es que al hacerlo se pierden oportunidades maravillosas.
Por eso yo, no le tengo miedo al rechazo, ni a nada así, yo soy distinta y con orgullo lo digo.
Jamás me limitaré por otros.

Un beso Ricardo

 
 

El Bosque

Mi primera novela El Bosque (2.001), en pequeñas entregas semanales. Podrás descargarlas de forma gratuita en formato PDF, muy pronto.

Libros recomendados

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  • Edgar Allan Poe - Narraciones extraordinarias
  • Javier Marías - Mañana en la batalla piensa en mí
  • José Saramago - Ensayo sobre la lucidez
  • Mempo Giardinelli - Imposible equilibrio
  • Orhan Pamuk - Nieve
  • Ray Bradbury - Fahrenheit 451
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Escena Final

Escena Final narra la historia de dos amigos que deciden realizar películas de terror y compartir un sueño, asustar a todos con especies de espectáculos reales, pero las cosas se tornarán difíciles cuando empiecen a jugarse la vida en la última escena.

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