El problema cuando hacemos daño no implica la dificultad con la que se espere las disculpas que, ocasionalmente vienen dadas en función al amor que corresponde a la persona o el grado de admiración que se le tenga, pero las secuelas se enquistan en lo profundo de nosotros y la idea del amor se vuelve una idealización, que nos puede conducir a cometer errores tan graves, con consecuencias irreversibles.
El problema no radica en la necesidad de ser perdonado, sino en la necesidad de afrontar el error y aprender de él. Hoy cometí un grave error, lo acepto; mi egoismo no me permitió ver más allá de mis narices, más allá del entendimiento significativo, porque esperaba ver resultados en poco tiempo cuando la verdad me tomó mucho descuidar la confianza que anteriormente me depositaron. Si en realidad se perciben los cambios en mi aptitud, no significa que existan terceros que actúen sobre nosotros, sino que muchas veces los cambios se dan de forma voluntaria, cuando se desea de corazón vivir el cambio. Esa es la razón fundamental de mis principios, pero los cambios están condicionados por lo general a una serie de experiencias acumuladas, y la prioridad será enmendarlos, pero no en la forma como pensaba hacerlo, de un día para otro.
Desaproveché la grandeza de la confianza, y lo que construí con las manos, lo desvaraté con los pies. Por eso, hago este escrito, para tratar de cimentar la confianza y el respeto, y seguir adelante con los cambios, sin necesidad de pormenorizar situaciones. Por el contrario, el pasado es irrepetible y el futuro nos sonríe, pero el presente lo podemos modificar con nuestras actitudes.
Por eso, hoy, te pido perdón y espero que logres comprender, que la razón de mis cambios no se deben a terceras personas, incluyo padres y hermanos, amigos o compañeros de estudio y trabajo; es un trabajo que comienza por nuestra interior, por las cosas que tengamos en mente, pero que muchas personas lo verán extraño cuando no ha sido tu comportamiento habitual. Si tienes por costumbre gritar para ser escuchado, el día en que llegues susurrando, la gente notará enseguida el cambio y se le adjudicará a algo, pero ese algo no necesariamente tiene que ser una persona.
Espero se entienda y que la persona a la que está escrito esta entrada, entienda que trato de poner mi máximo en todo, y aunque no pareciera preocuparme por cosas, si lo estoy más de la cuenta, sólo que todos tenemos un mundo por gobernar (nosotros mismos) y dos manos y piernas para poder realizar nuestros sueños.
Reflexionemos.