Esa tarde había llegado en silencio. Había tratado de convencerse sobre la masculinidad de Dios. ¿Por qué Dios tenía que ser hombre y no mujer?
—¿Por qué Dios tiene que ser hombre y no mujer?
—Ustedes y su lado feminista. ¿Quién te dijo que Dios era hombre?
—Todos lo representan así. De hecho, la palabra Dios pertenece al género masculino.
Su padre, cansado por el fatídico día, se levantó, y antes de irse a la cama volvió la mirada a su hija.
—Dios no es ningún género masculino: Dios es hombre, pero también es Luz. Y Luz, su verdadera representación, pertenece al género femenino. ¿Contenta?
Pasado unas horas, tomó un baño y su padre lo esperaba en la mesa para cenar. Su padre, después de haberle comentado su día, y ver tan dubitativa a su hija, decidió hurgar en sus pensamientos:
—¿Qué te pasa?—¿Por qué Dios tiene que ser hombre y no mujer?
—Ustedes y su lado feminista. ¿Quién te dijo que Dios era hombre?
—Todos lo representan así. De hecho, la palabra Dios pertenece al género masculino.
Su padre, cansado por el fatídico día, se levantó, y antes de irse a la cama volvió la mirada a su hija.
—Dios no es ningún género masculino: Dios es hombre, pero también es Luz. Y Luz, su verdadera representación, pertenece al género femenino. ¿Contenta?

