J. fuiste la última en llegar a esta estación del tren. En mis ojos he puesto una venda para no presenciar el momento de tu adiós. Solo escucho pasos que se alejan de mí, en el murmullo del viento, en los susurros del alma que poco a poco va perdiendo color. Ahora ya nada podrá detenerte. Ahora no te molestará verme con nadie, ni con amigos o conocidos. No te molestará que diga cosas o haga, porque siempre tendrá una mala interpretación. Ahora puedes dormir tranquila y sin sobresaltos, porque no seré yo quien te de motivos para amargar tu bella existencia. Que tristeza trae al corazón las despidas, y mientras el tren anuncia la salida, te imagino andando hacia la puerta del vagón, entregando el boleto, sin pestañar o voltearte a verme parado en medio de la estación vacía con los ojos vendados. Parado ahí puedo imaginarte acariciando los pensamientos más hostiles hacia mí, pues siempre me consideraste el tacaño, el abusivo, el mujeriego. Y esta bien... si eso piensas y te hace sentir GRANDE y PODEROSA, sin prejuicios o problemas, está bien. Dios sabrá que esos calificativos no quedan y quienes me conocen o conocieron JAMÁS lo han dicho. Así que no importa, GANASTE, aléjate... quizá hacia donde vas te espera el amor. El hombre con sueños de grandeza y mucho dinero, como te gusta. Espero que así sea, para que no pases necesidades. Te deseo lo mejor.
Aquí estoy... detrás de ti... escuchando tus últimos pasos subiendo los peldaños hacia el vagón. Puedo oler tu pelo en un bostezo de viento. El vagón cerró su puerta, te has marchado y mi corazón se quiebra al quitarme las ventas y verme totalmente solo en la estación del tren.
Para que no quede dudas... este escrito es para ti, Janette.




