septiembre 19, 2010

Laberinto sin ti

Cuántas veces he corrido a la puerta con la ilusión de verte, como esperando, por lo menos, al cartero que traiga noticias de ti. Por supuesto, la desilusión ilumina (¿o mejor decir ensombrece?) mi rostro cuando al abrir la puerta la oscura espalda del tiempo se aproxima y aleja en un constante juego de laberintos todo indicio de ti. ¿Qué quiere decir eso?, te preguntarás. Pues, como el tiempo corre y no perdona, las acciones que hacemos (sin querer o queriendo) "desgastan los resortes de mi corazón". Ojalá algún día, ojalá... te lo juro, espero sea así, no te encuentras corriendo tú detrás de la puerta y que ésta se aleje, se aleje, se aleje como una terrible pesadilla que intentas alcanzar algo, correr y correr, en cámara lenta y es imposible alcanzar el objetivo; porque tampoco soy tan mierda en desearte que la abras para recibir lo que recibo todos los días... Ojalá nunca se extinga mis emociones, le pido a Dios, y la llama perdure para siempre, así me encuentre abriendo las puertas de la creación del artífice Dédalo.

septiembre 17, 2010

Siempre contigo

Sí, puedes creerlo, abrir tus ojos y verme allá en el horizonte, aunque a la distancia, la ausencia no permite filtrar por debajo de la puerta al husped indeseado de la soledad, porque en tus ojos puedo ver el amor que sientes por mí... y más allá de este cielo gris, la enorme coraza de Dios, vigilaré cada espacio de ti, incluso en los sueños, para que nadie te haga daño.

La fotografía la tomé cerca de mi casa, mientras iba en el carro. Tuve que detenerme, fue demasiado espectacular el paisaje.

septiembre 16, 2010

La semilla del vampiro | Cap. 4

CAPÍTULO CUATRO
EL EDIFICIO PARAMOUNT

Camino al edificio Paramount, nadie dijo nada. Nadie, excepto Bianca, que tarareaba el coro de una canción con insistencia. Después de un rato Alejandro le puso una mano en la boca a Bianca para que guardara silencio.
     Paola era la mayor del grupo. Sus padres le compraron un carro cuando cumplió sus veintiún años.
     Unos metros antes de llegar al edificio vieron la silueta de una persona escurriéndose entre las sombras del umbral del edificio abandonado. Aquella persona no se distinguía entre la oscuridad ni la distancia en la que se encontraba, pero sin dudas era la sombra de una persona… humana por lo menos.
     La entrada del edificio era solitariamente oscura y atiborrada de vasos plásticos, periódicos viejos y amarillentos, un par de botellas vacías de cerveza y hojas secas de árboles que, por la inercia del tiempo, se fueron depositando en aquel lugar. Mucho más adentro era como ver una cueva o las fauces oscuras y profundas de un animal. Sus paredes estaban manchadas de negro. Parecía envejecido y olvidado. Sus cristales tenían un brillo oscuro y maléfico, como sombras atrapadas en una botella. Todo estaba inundado de un olor agrio y putrefacto. Los rincones de lo que en algún tiempo fue una garita de vigilancia, engendraba un olor a orín y a ratas muertas. La sanidad seguramente clausuraría el edificio, no por fantasmas, sino por seguridad pública. En fin, todo aquello era una asquerosa caja inmensa de defecaciones y orines de distintas especies.
     En la cuadra, donde estaba ubicado el edificio, había un estacionamiento sucio, lleno de pequeños montículos de arena y desechos. En la puerta principal se levantaban dos estatuas de concreto y tamaño natural de dos leones mirando hacia el horizonte, como perdidos en el limbo. En un tiempo estuvieron pintados de blanco, ahora parecían haberse calcinado con todo el resto de la estructura.
     No había transeúntes, ni curiosos, ni vagos recogiendo basura alrededor. Esto facilitó la entrada en el lúgubre recinto sin que nadie los viera.
     Antes de entrar, los muchachos hicieron una respectiva ojeada para asegurarse de estar solos. Cruzaron el umbral de la puerta oxidada y ennegrecida. Estaban en lo que podría identificarse como el lobby del edificio. Otra estancia llena de cristales rotos y olor a orín y a excremento de ratas. En los rincones del lobby, así como en ambas esquinas superiores del elevador, desfilaban pequeñas y grandes telas de araña.
     En el lobby también había un montón de cartones colocados a manera de camas, parcialmente ubicadas lejos de las ventanas.
     —Quien quiera que duerma ahí no quiere que el sol lo perturbe por la mañana —susurró Alejandro.
     Continuaron caminando. Sus pisadas hacían crujir el piso. Había miles de vidrios por todo el lugar. El silencio era aterradoramente inquietante. Alguien a lo lejos parecía estar jugando a arrastrar una botella de un lado a otro. El sonido, aunque tenue, se proyectaba a manera de eco en todo el edificio.
     —¿Y ahora, qué hacemos? —preguntó Alejandro en voz baja.
     —Paola, deberías de estacionar el carro un poco más lejos y asegurarlo de todo —sugirió Gabriel—. Nosotros te esperaremos aquí en el lobby del edificio. Si alguien llegase a ver el carro estacionado afuera podría despertar curiosidad. Sobre todo de los policías.
     Paola simplemente afirmó con la cabeza, y se marchó.
     —Esperemos a que llegue Paola y luego empezaremos el ascenso —dijo Gabriel.
     —¿Cómo saber si realmente era Carlos quien estaba entrando aquí? —preguntó Bianca tratando de ocultar sus nervios.
     —No perderemos nada con averiguar. ¿Recuerdan el caso de la familia Romero? —Le preguntó Gabriel a sus amigos. Todos afirmaron con la cabeza—. Pues, se comprobó que no había tales apariciones. Todo fue un truco de la compañía de bienes y raíces para mantener a unos indeseables compradores lejos de la casa.
     —¿Qué tiene que ver eso con esto? —masculló Rafael.
     —Que no hay de qué preocuparse. Si realmente hay fantasmas aquí, estaremos juntos en esto, no estamos solos. Además, lo más probable, por experiencia, es que quien sea no pasará de ser un vagabundo.
     En ese momento entró Paola sigilosamente. Atravesó el umbral claroscuro del edificio y se puso en contacto con los demás.
     —¿Todo bien, Paola? —preguntó Bianca.
     —Vamos, no hay tiempo que perder —respondió.
     Todos estaban de acuerdo con ir en búsqueda de Carlos, pero ¿realmente buscaban en el lugar correcto? ¿Qué fuerza natural o sobrenatural los motivaba a seguir adelante?

septiembre 15, 2010

La semilla del vampiro | Cap. 3


CAPÍTULO TRES

¿DESAPARECIDO?

Unos minutos después, entró Gabriel en la habitación acompañado de otra amiga. La chica llevaba unos jeans ajustados, una blusa negra y una hermosa cabellera negra y larga hasta casi la mitad de la espalda.
     Gabriel encontró a Paola ayudando a su mamá a limpiar el piso lleno de trozos de porcelana. La mamá de Gabriel siempre se encontraba entusiasmada con la idea de que su hijo se hiciera novio de Paola. Por extraño que parezca, los padres siempre tienen la sensación de saberlo todo, incluso saber quién o quiénes son suficientemente buenos para sus hijos.
     En cierta forma eso molestaba a Gabriel, mientras Paola se sonrojaba al recordarlo.
     La mamá de Gabriel se disculpó con Paola y la instó a acompañar a su hijo a subir: «Yo me encargaré de todo», dijo, ofreciendo su mejor sonrisa.
     Cuando subían las escaleras, Paola sonreía de buena gana y le dijo a Gabriel que su mamá le parecía una mujer muy adorable.
     Gabriel entró con Paola en la habitación. Rafael se levantó de un salto de la silla del computador.
     —Hola a todos —saludó Paola.
     —Bueno —soltó sin preámbulos Gabriel—. ¿Quién será el primero en hablar?
     —Yo lo haré —se anticipó Alejandro—. Yo les contaré lo que pasó.
     —Vamos, empieza ahora y déjate de rodeos —dijo Bianca obstinada.
     —Ocurrió hace una hora cuando fui por Rafael. En la calle, cerca de su edificio, me pareció haber visto caminando a Carlos. Le llamé varias veces por su nombre, pero fue en vano… nunca volteó ni me saludó. Iba como absorbido por algo, cavilaba sobre quién-sabe-qué-cosa. Lo cierto es que en ese instante Rafael salió. Tuve que volver la vista para saludarlo, pero cuando quise saber dónde estaba Carlos, no lo encontré. Lo buscamos con la vista hacia ambos lados de la calle y nada. Resolvimos caminar en dirección a la avenida principal, pero lo curioso empieza allí, justamente cuando doblamos en la esquina de la calle vimos a una persona a lo lejos conversando con Carlos. Estos se encontraban, repito, muy lejos, y no podíamos saber lo que hablaban.
     —Esta es la parte de la historia que no van a creer… —interrumpió Rafael—. Sé que es difícil de explicar y mucho menos de creer, pero solamente se los diré una vez.
     Todos los ojos se enfocaron en Rafael.
     —La persona, desconozco su identidad, desapareció frente a nosotros como si fuera un fantasma. Mejor dicho, ambos desaparecieron.
     Todos se miraron perplejos, incrédulos, escépticos, pero indudablemente anonadados. Aquello no podía ser cierto: dos personas que desaparecen como fantasmas en plena calle. Obviamente nada creíble.
     —No puedo creerlo —dijo Paola.
     —Se los dije —señaló Alejandro—, pero sinceramente lo vimos con nuestros propios ojos.
     —Esta tarde Carlos y yo discutimos —dijo Gabriel, rellenándose sobre el asiento—. Quizá fue una ilusión lo que vieron. Puede que haya sido producto del cansancio. Eso suele ocurrir.
     —¿Desde cuándo le buscas soluciones científicas a las cosas? —preguntó Rafael.
     —No es eso, solamente que…
     —Solamente nada… vimos lo que vimos y punto.
     —Bueno, cálmense todos —dijo Paola—. ¿De qué vale pelearnos? Creo que lo más correcto es pensar qué podemos hacer. Al final, estamos hablando de Carlos, no de Houdini.
     —Creo que llamar a la casa de Carlos y preguntar por él sea lo más conveniente por ahora —sugirió Bianca.
     —Excelente idea —dijeron al unísono Alejandro y Rafael. Los demás se miraron y sin decir nada, Gabriel tomó el teléfono y marcó el número.
—Si… —voces del otro lado del auricular—… buenas noches. ¿Se encuentra Carlos? —una breve pausa—. Sí… entiendo. ¿Entonces no saben dónde puede estar metido? —Gabriel miró a sus demás amigos inquietamente mientras su interlocutor le hablaba al teléfono—. Bueno si tenemos alguna noticia se la haremos llegar. Gracias por todo. Adiós.
     Gabriel pulsó el botón para finalizar la conversación. Miró a todos desconcertadamente.
     —En su casa no saben nada. Todos están preocupados.

Bianca se acercó a las ventanillas del aire acondicionado, sentía mucho calor.
     —Esto es asombroso —empezó Paola después de unos minutos—. ¿Creen que debemos salir a buscarlo?
     —Puede estar en cualquier parte—respondió Alejandro—. Maracaibo es una ciudad relativamente grande, no es cualquier pueblo, aunque a veces lo parezca. De cualquier forma, es como buscar una aguja en un pajar.
     —Aunque la propuesta de Paola es difícil —dijo Bianca— no es mala después de todo. Piensen: Carlos iba a pie, caminando cuando lo vieron, ¿cierto? Lo que quiere decir que Carlos no debe estar muy lejos, si aún sigue deambulando por las calles. ¿Dónde fue la última vez que lo vieron?
     —Lo vimos cerca de la avenida ocho —respondió Alejandro; y luego añadió—: Por donde vive Rafael.
     —Eso es algo. Por lo menos ya sabemos por donde comenzar a buscar —Bianca se paseaba de un lado a otro, como una detective tratando de hilvanar las pistas de un asesino en serie. —Además, Gabriel, tú fuiste su amigo de infancia, debes conocer todos los sitios acostumbrados. Puede estar en cualquier callejón, acompañado de los skaters o alguna chica con la…
     —Un momento —dijo Gabriel. Se incorporó de la silla y encendió un cigarrillo—. Alejandro vio a Carlos por la avenida 8. Sólo una cuadra de la avenida Bella Vista.
     Gabriel esperaba la respuesta en los rostros de sus amigos, pero ninguno dijo nada, todos se miraban desconcertados.
     —¡El Paramount!
     —A qué te refieres con “El Paramount” —dijo Alejandro—. ¿Paramount? Me suena…
     Hubo un silencio.
     Gabriel lo miró.
     —¡Claro! ¡El edificio Paramount! Ahora lo recuerdo —dijo entusiasmado Alejandro—. Pero Carlos caminaba en dirección opuesta.
    —Pero tú me habías dicho, Gabriel —lo atajó Paola—, que Carlos se había peleado contigo porque él no deseaba saber nada de edificios embrujados, fantasmas, ni nada por el estilo. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué ese cambio tan repentino?
     —Quizá no fue solo —apuntó Rafael—. Quizá esa persona que vimos con Carlos fue quien lo acompañó, ¿no creen?
     —Creo que mejor nos vamos allá —concluyó Gabriel.

septiembre 14, 2010

La semilla del vampiro | Cap. 2


CAPÍTULO DOS
NUEVOS ANTESCEDENTES

La habitación de Gabriel era un cómodo lugar rodeado de tablas con soportes en los que reposaban muchos libros. Un ejemplar del IV Centenario del Don Quijote de la Mancha, otro montón de clásicos entre los que figuraban Lope de Vega, José Zorrilla, Francisco de Quevedo, William Shakespeare. En el otro extremo de la biblioteca entre un pequeño compartimiento protegido por un cristal deslizante, una gran colección de novelas de Stephen King, Lovecraft, Highsmith, Poe, Conan Doyle, Rice y Jorge Luis Borges. En otro estante algunos libros y autores de su preferencia Javier Marías, Juan Rulfo, Adolfo Bioy Casares, T.S. Eliot. En los pocos espacios de pared reposaban algunos afiches: uno de la banda Rush mostrando a Neil Pearl en la batería con una baqueta en el aire; otro afiche de Joe Satriani con su guitarra Ibanez con un surtido de colores psicodélicos. Detrás de la puerta un afiche de una modelo rubia, con el sol a sus espaldas, bronceada y una pose seductora entre rocas de mar y olas. Debajo de la ventana se encontraba una computadora apoyada encima de una mesa con formica marrón. Sobre la mesa un montón de papeles, una taza de café humeante y un cenicero con un cigarrillo encendido.
     Los padres de Gabriel no fueron tan permisivos después de lo ocurrido una noche de año nuevo cuando lo encontraron fumando en casa de la tía Margarita. Después de una larga discusión, sus padres se lo permitieron. Al fin y al cabo, no tenían moral para impedírselo, ellos también fumaban como unos empedernidos.
     Gabriel, sentado en el computador, trabajaba en su nueva investigación; probablemente la investigación que lo llevaría hacia un nuevo artículo para el semanario universitario. Él colaboraba en los tiempos libres con artículos de opinión para un semanario llamado La Gente y Sus Alrededores, un semanario universitario de poca tiraje, pero le servía para ir formándose antes de culminar su carrera de periodismo en la universidad pública.
     Esa noche, investigando por la Internet, tropezó con los reportajes de los extraños casos del edificio Paramount. Encontró un artículo que despertó toda su curiosidad. El artículo lo escribía un aficionado y Gabriel pensó: «Vaya, nosotros los aficionados no nos damos por vencidos.» Andrés Rincón era el autor del artículo en cuestión. Se titulaba: «El centro del enigma»:
     Tras el incidente que conmocionó a todos los habitantes y vecinos del edificio Paramount nos hacemos una pregunta: ¿Por qué ocurrió este escandaloso y por más doloroso hecho? Según las fuentes informativas nos indican que en Maracaibo no se había registrado un hecho tan lamentable como el que ocurrió durante el cierre de la década del setenta, cuando un avión al despegar, por error o daños en el sistema, colisionó con las casas cercanas del antiguo aeropuerto de Grano de Oro.
     Realmente hablar de hechos trágicos en esta época se está volviendo algo muy común. Al parecer la ciudad de Maracaibo no escapa de la excepción.
     La familia Duarte: dos niñas, Paulina y María murieron calcinadas sin remedio junto a sus padres en el lamentable incendio del edificio en el año 1.991.
     Por otro lado, el detective Reinaldo Moreno, jefe a cargo de las investigaciones del edificio Paramount, concluyó en lo siguiente: “A las tres menos veinte de la madrugada los generadores de electricidad del edificio hicieron cortocircuito y posteriormente las llamas calcinaron totalmente todos los transformadores y cables. Las familias debían dormir o al menos inadvertidos de lo que ocurría. Las llamas alcanzaron no menos de dos o tres pisos de altura. Fue cuando las llamas alcanzaron a quemar algunas cortinas que se encontraban con las ventanas abiertas, generando un incendio que se convirtió para muchos en el más grande registrado en la ciudad”.
     En el accidente fallecieron dos familias: la antes mencionada familia Duarte y una segunda, habitantes del segundo piso, la señora Lorena Espinoza y su hijo Eduardo. Lamentablemente se desconoce otras hipótesis que respalden lo contrario a lo declarado por los oficiales a cargo de la investigación.
     El oficial González informó esa misma noche que los transformadores estaban defectuosos, por lo que descartan la posibilidad de que el incendio haya sido provocado por terceros.
     Después de vista tales declaraciones nos hacemos la siguiente pregunta: ¿cuál es el gran enigma del Paramount? Porque desde que ocurrió lo antes señalado no se han dejado de escuchar rumores y testimonios de los vecinos. Quejas tras quejas. O mejor aún, con el permiso de los cristianos y religiosos de todas las etnias del planeta tierra: ¿dónde estaba Dios cuándo ocurrió el siniestro? ¿Dónde? ¿Seguirán los misterios atormentando a los vecinos del sector? ¿Se habrá abierto una puerta hacia otra dimensión en el edificio? ¿O esto es simple especulación?

     En el momento en que Gabriel terminaba de leer el documental, la puerta de su habitación se fue abriendo, lentamente, dejando entrever la figura de una joven y simpática chica, de piel morena clara y cabello negro. La muchacha vestía de negro. Él, aún sumergido en la lectura, no se percató de que alguien más se encontraba en su habitación, por lo que la chica lo tomó por sorpresa, provocándole un enorme susto.
     Ahora la muchacha reía a gusto, hasta que terminó por contagiar a Gabriel, el cual acabó por reír también.
     Su amiga Bianca era parte del equipo de trabajo periodístico y su amiga de siempre. Sus padres se conocían desde mucho antes de nacer ellos. Cursaron todos sus estudios juntos, desde la preparatoria hasta el bachillerato, incluyendo las mismas carreras universitarias.
     Bianca disfrutaba con las bromas pesadas. A Gabriel nunca le molestó en lo absoluto. Sin embargo, ese día lo incomodó un poco. Su mente estaba en el edificio y la discusión con su amigo esa tarde.
     —Disculpa —dijo Bianca riendo todavía—. No pude contenerme, te veías tan… distraído, que no quise desaprovechar ese tentador momento.
     —Bueno, está bien —dejando de reír—. Vamos a lo nuestro.
     Miró por encima del hombro de Bianca, como buscando a alguien más, y preguntó:
     —¿Dónde están los demás?
     —Ya deben estar por llegar. Paola me telefoneó y me lo contó todo. Me contó lo de  Carlos. Bueno, no te preocupes, sabes cómo es él cuando se pone así. Ya volverá con el rabo entre las piernas…
     Bianca no había terminado muy bien su frase cuando llevó la mirada hacia el monitor y observó una doble fotografía del edificio Paramount. En la fotografía de la derecha el edificio como originalmente había sido construido: radiante y lleno de vida; y del lado izquierdo, incendiado, consumido por las llamas hasta dejarlo como un carbón.
     —¡El edificio Paramount! —dijo Bianca al verlo—. Éramos muy niños cuando eso ocurrió.
     Gabriel afirmó con la cabeza.
     De pronto un sonido muy fuerte provino de la planta baja, como si se hubiese caído toda la bajilla de la casa al piso. La mamá de Gabriel soltó un grito espantoso.
     —Llegaron los demás —dijo Bianca mirando a Gabriel.
     —Así parece.
     Por la puerta de la habitación aparecieron dos muchachos, jadeando y sudados de pies a cabeza.
     La mamá de Gabriel, una cuarentona que gustaba siempre estar a la moda y a la altura de sus dos hijos para mantener su espíritu joven y rebosante de vida, cocinaba la cena cuando los dos muchachos entraron por la puerta de la casa como almas que se las lleva el diablo, espantándola, y haciendo que ésta soltase los dos platos con los que se proponía a servir la cena.
     «¡Muchachos del carajo!», gritó la mamá de Gabriel. A los dos muchachos no le importó en lo absoluto la algarabía y continuaron, escaleras arriba, hasta llegar a la habitación de su amigo.
     —¿Qué paso allá abajo, Rafael? —preguntó Bianca.
     —No lo sé —dijo jadeando—. Tenemos que contarles algo que ocurrió, es… es extraño, sin nombre… No van a creer cuando les contemos.
     Por otro lado, su otro amigo se secaba el sudor con la manga de la franela.
     —Cálmense los dos, yo iré a ver si mamá está bien —dijo Gabriel—. Cuando regrese me contarán todo detalles.
     Los dos muchachos se miraron y resolvieron afirmaron con la cabeza.

septiembre 13, 2010

La semilla del vampiro | Cap. 1


Capítulo 1: De los sucesos y sus consecuencias.
Todo sucedió hace ocho largos años. Las llamas extinguieron el recuerdo y, ahora, el aire que se respira distinto. Ahora toda la vida será una larga pesadilla…

Hace ocho años el edificio Paramount se incendió. Se llevo consigo todas las historias que dentro habitaban. Las historias que iban a nacer y las que nunca se contaron. Las que en todo momento se pretendieron decir, y por miedo se mantuvieron calladas.
En el diario Panorama con fecha 16 de septiembre de 1.999, se reseñó la siguiente noticia: «Nuevamente se suma otro suceso extraño en el edificio Paramount. El hecho se registró en horas de la madrugada —y aunque las fuentes oficiales no quieren rendir declaraciones—, innumerables vecinos dieron testimonio de haber escuchado voces y gritos dentro del edificio antes señalado, el cual se encuentra deshabitado desde hace ocho años, después de haberse incendiado en el año 91, provocando la muerte de varias personas.»
Otra noticia con fecha 30 de marzo de 2.005 destacaba un titular en letras grandes:

RECONSTRUCCIÓN DEL PARAMOUNT

«El Gobierno está llevando a cabo un proyecto para la reconstrucción del edificio Paramount, ubicado en las inmediaciones de la avenida Bella Vista. Enrique Velásquez, Presidente de la Asociación de Junta de Vecinos del sector expresó lo siguiente: “Ese edificio es un asco y tiene muy mal aspecto para estar ubicado en una vía tan transitada por los ciudadanos que vivimos en una zona privilegiada como es la avenida Bella Vista; por otra parte, aún se siguen viendo cosas extrañas en sus antiguas instalaciones y ninguno de los funcionarios policiales quieren atender a nuestro llamado.” Asimismo, la señora Eduviges Martínez, antigua conserje del edificio Paramount, declaró: “Laboré durante once años en el Paramount y nunca encontré nada fuera de lo normal. Solo sé que ahí murieron dos familias en el incendio del 91, y después de eso supe de otra tragedia que entristeció a muchos: la desaparición de Juan Uribe y el suicidio de Maria Virginia Espinoza.»
—¿Crees toda esa porquería? —preguntó Carlos con desaire.
—No se trata de creer —respondió Gabriel—. Se trata de hechos.
Carlos y Gabriel eran buenos amigos. Ambos estudiaron desde el kinder juntos y se criaron bajo los mismos valores morales y religiosos de una familia católica. No obstante, su propósito en la vida era poner en cuestionamiento toda creencia.
—Tenemos tres años buscando fantasmas —dijo Carlos—, y no hemos conseguido más que sustos y pesadillas construidas por nuestro propio inconsciente. ¿De verdad crees en los fantasmas todavía? Por Dios, ya estoy cansado de esto. Hemos buscado en cementerios, crematorios, incluso, hemos visto cadáveres y nunca pasa nada. Ninguno se levanta a pedirnos ayuda. Ninguno es capaz de aparecerse a nuestra vista y asustarnos con sus “voces espectrales y de ultratumba”. En fin, no existen tales fenómenos paranormales. Todo fue una burla, Gabriel, nos mintieron… Horas y horas de Expedientes Secretos X, películas de terror, documentales de aparecidos, todo… —hizo una pausa, se encogió de hombro; y añadió—: Todo para nada.
—¿Terminaste? —Gabriel estaba molesto. Carlos lo miró perplejo y se encogió de hombros nuevamente. —La verdad tus opiniones me tienen sin cuidado. Nuestra próxima investigación será el edificio Paramount. Punto. Creo que hemos descubierto el eje del mal. Imagínate todas las almas que deben estar penando en ese sitio… Carlos, ahí murieron dos familias completamente quemadas y, después de eso, hubo dos aparentes suicidios… Quizá hasta los asesinaron.
Gabriel caminaba de un lado a otro, enfrascado en sus pensamientos.
—Ahora te crees detective —dijo Carlos incorporándose de la silla—. No puedo creerlo. Esto es asombroso.
—No, yo soy quien no puede creerlo. Pensé que esto era tu sueño: investigar hechos paranormales.
—Exactamente, estás en lo cierto, pero es suficiente. Me cansé.
—Igual somos un grupo. Los muchachos no darán su brazo a torcer. Estoy seguro que no. Seremos famosos con nuestra investigación.
—Sus investigaciones me tienen sin cuidado. Desde ahora no contarán conmigo. Creo que me dedicaré a lo que debe hacer un verdadero periodista: investigar hechos ¡reales y veraces!
—Bien Carlos, como quieras. Lárgate si quieres. Abandona a tus amigos. Veremos por cuánto tiempo…
Carlos abrió la puerta. Salió sin decir nada y dando un portazo. Su rostro pálido y agotado mostraba una mueca casi diabólica.

septiembre 10, 2010

De revoluciones y revoluciones

¿De qué valió tanto sufrimiento? ¿De qué valió el exilio y la intempestiva necesidad de lanzarse al mar, con el oscuro pasado a cuestas y el retoño fundado en la aspiración del Norte? ¿De qué sirvió la organización de la Unión Soviética, la guerra y la maldita fórmula del éxito que no consiguió Marx, ni siquiera en sus tiempos? ¿De qué sirvió las condenas a prisión, las ejecuciones, las matanzas en las montañas, selvas y montes por defender un ideal si al final de nuestros días preferimos voltear la hoja? Quiero que sepan, comunistas y defensores de ideales revolucionarios en el mundo, que están en todo su derecho a pensar y esgrimar sus diferencias en cualquier lugar y tiempo, pero si existe una verdadera célula de maldad en el mundo son ustedes.
Ahora que todo parece indicar un cambio en la isla caribeña de Cuba, no creo en discursillos o propagandas mediáticas con las que se pretende manipular a todos. ¿El comunismo no es sostenible ni en la isla cubana? ¡Por Dios! Después de 50 años de violaciones a los derechos humanos, muertes, exilio, el hombre se digno a responderle al mundo. ¿O querrá que se haga una matriz de opinión en Latinoamérica después de referirse al Socialismo del siglo XIX, estandarte de Huga Chávez, como un vulgar COMUNISMO? Que gracioso, ahora son ellos los que no se dan a entender... o quizá se entienden perfectamente y quieren tratar de tapar el sol con un dedo.
De cualquier modo, ojalá sean reales las palabras de Fidel, porque según mis interpretaciones podría tratarse de una revolución de revoluciones...
Tal vez a pocos les agrade que mezcle literatura con política, pero lo veo conveniente cuando suceden estas cosas. La situación en el mundo no es algo que deba pasar por ignorancia y mucho menos por debajo de la mesa.

Basado en las declaraciones del exPresidente cubano, Fidel Castro.
 
 

El Bosque

Mi primera novela El Bosque (2.001), en pequeñas entregas semanales. Podrás descargarlas de forma gratuita en formato PDF, muy pronto.

Libros recomendados

  • Adolfo Bioy Casares - La invensión de Morel
  • Edgar Allan Poe - Narraciones extraordinarias
  • Javier Marías - Mañana en la batalla piensa en mí
  • José Saramago - Ensayo sobre la lucidez
  • Mempo Giardinelli - Imposible equilibrio
  • Orhan Pamuk - Nieve
  • Ray Bradbury - Fahrenheit 451
  • Stephen King - Un saco de huesos
  • William Faulkner - El sonido y la furia

Escena Final

Escena Final narra la historia de dos amigos que deciden realizar películas de terror y compartir un sueño, asustar a todos con especies de espectáculos reales, pero las cosas se tornarán difíciles cuando empiecen a jugarse la vida en la última escena.

Sobrevivientes pronto en PDF

Sobrevivientes, mi nueva novela, podrán disfrutarla en formato .pdf en unas semanas. La versión digital ofrecerá un par de capítulos distintos al original que guardo en mi gaveta y espero llevar a una editorial muy pronto. La novela narra la historia de un grupo de personas que deciden escapar de una ciudad infectada por un extraño virus que afecta, principalmente, el agua.